jueves, 5 de septiembre de 2013

8. De nuevo a México



La felicidad no duró mucho para nosotros. Mi papá empezó a tomar otra vez, cada vez más, hasta que mi mamá se cansó y salimos huyendo de nueva cuenta a la capital con mi tía Herlinda y su esposo, Mariano. Esa vez mi papá si tardó mucho tiempo en encontrar a mi mamá. Ella encontró trabajo en una casa muy rica, grande y elegante, que estaba en la colonia Roma. Ella era la cocinera. Se la pasaba cocinando y guisando mucho, pues eran como diez personas las que vivían en esta casa, pero la patrona era buena. Como yo no estaba bautizada por la iglesia católica romana, y ella insistió que debían de bautizarme, y total que mi madre aceptó. La patrona fue mi madrina, y la verdad que me llenó de regalos y cariños. Mi mamá estaba muy bien ahí, trabajando, y nosotros también.
Mi tía se encariñó mucho con nosotros, y nos sacaba a pasear a mi hermano y a mí, y los domingos nos llevaba a comer a la casa de la patrona de mi tía. ¡Cómo me acuerdo que en esas comidas fue la primera vez que comí caldo de pollo con plátano Roatán! Se sofreía un plátano y se le echaba al consomé, todavía me acuerdo y se me antoja.
En esa época mis tíos nos sacaban a pasear, nos llevaban a los caballitos, y eran muy felices con nosotros ahí porque ellos no habían tenido hijos.
No recuerdo cuánto tiempo pasamos en México, pero poco después mi papá, que había dejado de tomar otra vez, fue por mi mamá, y ya nos regresamos todos con él a Xalapa.
Ya no volvimos a ir a México. Poco tiempo después, nos enteramos que mi tía Herlinda había muerto, y que mi tío se había regresado a su tierra. Ya no supe más de él, pero mi vida siguió en Xalapa, con sus alegrías y tristezas.
Antonia (Toña) cargando a su nieto Hosama, ca. 1984

No hay comentarios:

Publicar un comentario