lunes, 26 de agosto de 2013

5. La tosferina



Mi padre me quería mucho y yo a él, a pesar de que era borracho.  Esto no le quitaba que era muy buena persona, para mi era mi ídolo. Mi adoración por mi padre se hizo más grande cuando, yo estando muy pequeña, me enfermé de tosferina. A él le dijeron que el remedio para la enfermedad era que me diera a tomar sangre de vaca. Él, todo angustiado, se iba todos los días al rastro, y no sé si compraba o le regalaban la sangre, pero se regresaba rápido a la casa y me daba a beber la sangre todavía calientita. Yo no recuerdo si me gustaba o no, pero me tomaba todo lo que me daban. También en esa época teníamos una burra negra, que daba la casualidad que estaba criando, así que también me daban de su leche, en otro de las remedios que le habían dicho que había para curar esta enfermedad, muy grave en aquella época. La gente les decía a mis papás que estaba yo anémica, y pues afortunadamente, con sangre de vaca y leche de burra negra, sobreviví a la tosferina y miren que sigo acá, vieja y cansada. 

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